Cianuro


El cianuro es el ion CN-. En envenenamientos, suele ser parte del cianuro de hidrógeno o ácido cianhídrico (HCN), cianuro de potasio (KCN) o cianuro de sodio (NaCN).

El cianuro impide a las células del organismo utilizar oxígeno. La inhalación de grandes concentraciones de cianuro causa coma, convulsiones, apnea y parada cardíaca. Provoca el fallecimiento en pocos minutos. En concentraciones menores, los síntomas son de debilidad general, mareo, dolor de cabeza, vértigo, confusión, dificultades respiratorias y pérdida de conciencia.

La dosis mortal es de tan solo 1,5 mg por kilogramo de peso corporal. Afortunadamente, hay muchos antídotos, algunos en fase experimental, como por ejemplo, suministrar oxígeno al paciente. Hay tantos antídotos, que el Servicio de Salud del Reino Unido no es capaz de recomendar ninguno en particular.

El uso más conocido del cianuro fue en algunas cámaras de gas del Holocausto. Lo generaban haciendo reaccionar cianuro de potasio con ácido sulfúrico, para convertirlo en cianuro de hidrógeno gaseoso. Sin embargo, no tiene aplicación en combate militar, ya que es más ligero que el aire y se necesitaría una gran cantidad para causar estragos en los enemigos. De todas maneras, los mismos del gas sarín en el metro de Tokio también lo intentaron con cianuro, pero fueron descubiertos a tiempo.

El cianuro también se ha usado en suicidios, algunos de ellos de gente bastante conocida: desde Adolf Hitler (combinado con un tiro en la cabeza) a Ramón Sampedro, pasando por Alan Turing. Otro caso es el de Erwin Rommel (el "Zorro del Desierto"), uno de los mejores estrategas militares de los alemanes: fue sospechoso de traición a Hitler, por lo que, al ser alguien adorado por el pueblo alemán, le dieron a elegir entre un juicio público o suicidio. Rommel eligió esto último (se suicidó con cianuro) y se le enterró con todos los honores militares.