Ricina


La ricina es una proteína presente en las semillas del ricino (Ricinus communis), venenosas para el hombre y los animales, y para la cual no existe antídoto. La ricina fue aislada por primera vez en 1888 por Peter Hermann Stillmark, por lo que es uno de los venenos poderosos que antes se conoció.
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Hojas de Ricina


La ricina es una toxina extremadamente potente: un miligramo ingerido (una sola semilla) puede matar a un adulto. Si se inhala o se inyecta, 500 microgramos son suficientes para provocar la muerte. Los síntomas de envenenamiento por ricina son varios: dolor abdominal, diarrea, vómitos; los sigue una deshidratación severa e hipotensión. Si el paciente no fallece entre 3 y 5 días, se suele recuperar perfectamente.

Con la ricina, sin embargo, ocurre una cosa muy curiosa. Si una persona traga entera una semilla, ésta puede pasar sin problemas por el aparato digestivo y, por tanto, no ocurrir el envenenamiento.

Durante la Segunda Guerra Mundial, EEUU y Canadá experimentaron con bombas racimo y ricina, pero llegaron a la conclusión de que no era económico. Mientras, en la Unión Soviética, se sospechaba que la KGB usaba ricina.
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Semillas de ricino, donde se encuentra la ricina
Esto no tuvo una prueba fehaciente hasta 1978, cuando el disidente búlgaro Georgi Markov fue asesinado en Londres por un disparo de un perdigón con ricina.

La ricina, al extraerse de una planta común, es muy fácil de obtener. Sin embargo, a pesar de esto y de su extrema toxicidad, no es viable como arma bioquímica, ya que es muy difícil de esparcir en comparación con la toxina botulínica o el ántrax. Por ejemplo, se sospecha que Al Qaeda experimenta con ricina, lo que algunos expertos califican como positivo ya que significa que carecen de las otras dos toxinas anteriores.